Las colonias son una buena oportunidad para trabajar las competencias emocionales porque favorecen las relaciones con otras personas y con uno mismo. Permiten practicar la educación con metodologías vivenciales y participativas, que tienen en cuenta la experiencia personal de los niños y niñas, su entorno y sus necesidades.

El momento clave para iniciar el desarrollo sistemático de las competencias emocionales es en la infancia, cuando se sientan las bases del crecimiento y el aprendizaje. Es necesario enseñar a los niños y niñas a conectar consigo mismos para que puedan identificar como se sienten y comprender que esto afecta su comportamiento. La escuela es un pilar básico para el crecimiento de los niños y niñas y, aunque tradicionalmente ha priorizado los aprendizajes cognitivos, la educación cada vez se orienta más al pleno desarrollo de la personalidad del alumno y alumna. Diferentes motivos justifican abordar y trabajar la dimensión emocional en los centros educativos y en todas las etapas, y más aún en las obligatorias.

En varios informes, la Unesco considera que entre los cuatro pilares que constituyen las bases de la educación se encuentra: "aprender a ser", para desarrollar positivamente la personalidad en toda su riqueza y "aprender a vivir juntos", lo cual significa establecer relaciones interpersonales útiles. También afirma que la educación emocional es un complemento indispensable en el desarrollo cognitivo y una herramienta fundamental de prevención de muchos problemas personales. La importancia de las habilidades emocionales y sociales también se refleja en los currículos de competencias básicas fijado por el Departament d’Ensenyament. Por ello, cada vez más centros buscan que el progreso cognitivo vaya de la mano de la emocional.

Vivir y convivir en las colonias

Durante la etapa escolar, los niños y niñas viven muchas experiencias y, dada la importancia de su gestión, muchos de los centros optan por actividades que ayuden al alumnado a manifestar lo que siente, a comprender y empatizar con los compañeros. Así pues, la educación emocional se está convirtiendo en una herramienta fundamental en todos los ámbitos de la enseñanza. No sólo ayuda a que los niños y niñas se conozcan mejor a sí mismos, sino también a comprender más y mejor a los demás. En este ámbito, la educación en el tiempo libre puede ser la gran aliada para mejorar las competencias emocionales con herramientas pedagógicas activas: sentir y vivir las experiencias, el esfuerzo, la convivencia con el grupo, la resiliencia, la tolerancia o el afecto por las personas son algunas de las cuestiones que se pondrán en juego.

Este aprendizaje se presta a adquirirse especialmente en entornos educativos del ocio, como en las colonias, ya que las actividades se desarrollan en un tiempo privilegiado para experimentar emociones y en el que se pueden encontrar referentes, espacios de intercambio, de contraste y de asimilación. Seguramente las salidas escolares, fuera del entorno habitual y lejos de la familia, despertarán sentimientos diferentes en los niños y niñas y les ofrecerán condiciones óptimas para explorarse y cuestionarse. A través de las diferentes propuestas educativas, pero también con la vivencia de las pequeñas acciones cotidianas que sólo se pueden dar en una actividad de 24 horas, practicarán y desarrollarán la conciencia emocional y la expresión abierta de lo que sienten. Así, podrán interpretar la influencia sobre las conductas propias y de los demás en un espacio de confianza que potencia el feedback entre grupo, la autonomía y la resolución positiva de posibles conflictos.

Durante las estancias escolares se crearán vínculos con diferentes dinámicas y a través de una comunicación abierta y de confianza, que permitirán practicar las competencias emocionales y poner nombre a los sentimientos. Un ejemplo excelente para trabajarlas es la música ya que cuando el grupo canta o baila despiertan las emociones y las dejan fluir. El centro de interés es otra de las herramientas que se utilizan en las colonias para hacer actividades más participativas y vividas. Permite que los niños y niñas se identifiquen con los personajes, genera vínculos emocionales y es un buen recurso para que canalicen las emociones.

Las colonias también pueden dar oportunidades únicas como cuidar de los animales de la granja. Haciendo una gincana, bajando en tirolina o alimentando las gallinas pueden mejorar el estado de ánimo y trabajar la empatía, la autosuperación, las capacidades sociales y de comunicación. Las convivencias también fomentan el aprendizaje a través del juego con el que se facilita la interacción y la expresión libre de los sentimientos. Da la oportunidad óptima para reír, fomentar el sentido del humor y las emociones positivas. Así, los niños y niñas pueden transformar lo que han vivido y lo pueden adoptar en su día a día. Por ejemplo, pueden intentar ponerse en la piel del otro y aprender a empatizar con ellos o a cooperar.

Pero las colonias no sólo proporcionan al grupo experiencias intensas y saludables sino que también invitan a la reflexión crítica. Son una buena oportunidad para enseñar a traducir las sensaciones y las emociones en reflexiones y, así, ayudar en el proceso de interiorización y de crecimiento personal. Es precisamente esta dimensión de reflexión crítica y personal la que diferencia a las otras ofertas de ocio menos educativas. En definitiva, las estancias escolares crean contextos idóneos de crecimiento y desarrollo personal y social para los alumnos con experiencias reales de la vida. De este modo, se consiguen practicar estas competencias clave en otros contextos diferentes a los habituales. Así, familia, escuela y tiempo libre educativo se complementan y enriquecen mutuamente.

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